Esta web utiliza cookies para obtener datos anónimos de acceso. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra política de cookies.

×

D. Rafael Benjumea Burín, Conde de Guadalhorce

D. Rafael Benjumea Burín, Conde de Guadalhorce

Concretamente en Málaga, un personaje fundamental para su historia a lo largo del siglo XX y para la política española de esa época, Rafael Benjumea Burín, se unió a esta nueva estrategia política y social. Benjumea apostolaba que un nuevo desarrollo industrial para la ciudad y la mejora de los servicios ya existentes se podría lograr mediante una intensificación de la energía, con la introducción de los novedosos aprovechamientos hidroeléctricos, como ya había sucedido en el norte de España con las experiencias de Juan Urrutia.  Málaga era una provincia privilegiada para este posible desarrollo industrial gracias a la alta calidad de su suelo y sus cultivos, que sin embargo se encontraba constantemente amenazada de ruina a causa del desigual régimen de lluvias y de las pertinaces sequías.

Benjumea estaba seguro que su trabajo no sólo cambiaria la estructura de un país atrasado sino que  acabaría por triunfar sobre los criterios de expansión colonial que habían mantenido a España durante siglos viviendo inertemente de sus rentas. Con tal finalidad puso sus miras, antes que nada, en la energía eléctrica. Su interés principal se centró en la posibilidad de sacar adelante el proyecto de una gran central hidroeléctrica contando sólo con capital nacional.

Presa central hidroeléctrica del pantano del ChorroLas centrales hidroeléctricas

La aparición de las centrales hidroeléctricas en el panorama social español de principios del siglo XX supuso un gran avance técnico en la obtención de energía eléctrica sin máquinas de vapor –calurosas, ruidosas y contaminantes. Las empresas que poco a poco iban incorporando las nuevas máquinas hidráulicas se convirtieron en su época en el reflejo del empresario moderno y preocupado por los avances de la ciencia. La construcción de presas y saltos hidráulicos para generar energía eléctrica tuvo así su origen en la creciente necesidad de disponer de nuevos servicios en pueblos y ciudades y sobre todo en la importancia de suministrar energía a las industrias y a las crecientes demandas del transporte, a los tranvías primero, pero más tarde también a los ferrocarriles. De este modo, las empresas hidráulicas para la producción de energía eléctrica tuvieron desde sus orígenes un gran predicamento entre todas las clases sociales.

Este fue el caso del conjunto de Salto hidroeléctrico del Chorro, creado en 1903 por Rafael Benjumea para suministrar principalmente energía eléctrica a la ciudad de Málaga, pero también con la previsión de dar servicio a una potencial industria agraria en la comarca que, si bien no existía, podría desarrollarse si disponía de energía eléctrica de calidad y a bajo coste. Hasta ese momento, la ciudad de Málaga se servía de dos empresas extranjeras, una alemana y otra inglesa- que trabajaban con máquinas de vapor y que fueron, poco tiempo después de la inauguración del salto hidroeléctrico, absorbidas por esta empresa nacional.

El Chorro, la Central Hidroeléctrica y el río GuadalhorceLa importancia de esta obra fue enorme para su época. Por un lado, se consiguió un suministro de energía eléctrica a precios sin competencia y de mayor calidad, además los beneficios de la empresa permitieron comprar la empresa de tranvías de Málaga, de propiedad belga, e incluso permitieron financiar la construcción de la gran presa de Guadalhorce con la que se pusieron en regadío extensos territorios de la comarca y por la que Alfonso XIII nombró a Rafael Benjumea, conde de Guadalhorce.

El actual paraje natural Desfiladero de los Gaitanes fue el lugar elegido para instalar el salto hidroeléctrico, situándose así en un entorno de espectaculares paisajes.